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lunes, 9 de enero de 2012

¡Aquí estamos, somos queer*… y fuimos invitad@s!

Por Jared Váquez


Hace tiempo que no leo la Biblia como parte de mi práctica de fe diaria. En gran parte porque encontré otras fuentes de inspiración cuando dejé de ser cristiano. Cuando me alejé del cristianismo me sentía con tanto coraje y con tanto dolor que no me molesté en tomar la Biblia por varios años. Ahora estoy haciendo una Maestría en Divinidad en un seminario cristiano. (Suena loco, yo lo sé. Especialmente porque aún considero que no soy cristiano y no asisto a ninguna iglesia.) Una cosa que el seminario me ha hecho hacer es mirar la Biblia con una mirada nueva. Creo que también el tiempo me ha ayudado a hacerlo así.  Mirar la Biblia en un entorno académico ha traído mi atención a pasajes bíblicos que ni recuerdo haber leído anteriormente.  Por ejemplo, hay un pasaje en Isaías que realmente captivó mi atención.  Es en Isaías 56: 1-8.  
 1 Dios dijo:   «Hagan lo que es justo y bueno
porque pronto voy a mostrar
mi poder salvador.
2 Dichoso el que obedece
mis mandamientos
y los cumple con fidelidad.
Dichoso el que respeta
el día de descanso
y nunca hace nada malo.
 3 »Si un extranjero me adora,
no tiene por qué decir:
“Dios me apartará de su pueblo”.
El hombre que no puede tener hijos
tampoco debe decir:
“Yo parezco un árbol seco”.
4 Porque si estos hombres
respetan el día de descanso,
si me obedecen y son fieles a mi pacto,
5 yo les daré algo mejor
que tener hijos e hijas:
haré que el nombre de ellos
quede grabado para siempre
en los muros de mi templo.
Les daré un nombre eterno
que nunca será borrado.
 6-7 »A los extranjeros que me adoran,
que respetan el día de descanso,
y son fieles a mi pacto,
yo los traeré a mi monte santo
y los haré dichosos
en mi casa de oración.
Si esos extranjeros me adoran,
me sirven y me aman,
yo aceptaré los sacrificios
que ofrecen sobre mi altar,
porque mi casa será llamada:
“Casa de oración
para todos los pueblos”.
 8 »Yo haré que los israelitas
que aún están fuera de su tierra
vuelvan a reunirse en su país.
Les juro que así será».  (Traducción en lenguaje actual)
En este pasaje Isaías profetiza que el eunuco y el forastero serán bienvenidos en el templo de Dios.  ¡Quienes están inclinad@s hacia la liberación de l@s oprimid@s, pueden percibir la ideología entre líneas al leer esto en la primera lectura! Se hace difícil ignorar la invitación al eunuco y al forastero y al marginad@. ¿Por qué se hace tan difícil imaginar esto?  ¡Porque en Levítico Dios prohíbe al eunuco (aquel con los testículos magullados), al forastero y al marginado entrar al templo!
¿Qué exactamente está pasando en este pasaje en Isaías? ¿Qué ha cambiado para permitir acceso al eunuco y al forastero? Ciertamente el forastero se puede convetir, haciéndole cuasi-forastero. ¿Pero, puede el eunuco dejar de serlo? ¡No que yo sepa! Debe haber habido un cambio en la ley para ahora permitir acceso a alguien a quien se le había prohibido.  Aún si el eunuco observa el sábado (el día de descanso como lo estipula el pasaje) y guarda todos los mandamientos, ¡sus testículos nunca dejarán de estar magullados!  ¿Qué significa entonces “observar o guardar el sábado y mantener el pacto?” ¿Qué ideología profunda está presente? A lo mejor la respuesta está en reconocer el mensaje escatológico del pasaje. Al eunuco nunca se ha pedido que deje de ser eunuco, el forastero no cambia para ganar acceso a la casa de oración. El pasaje comienza con un mandato para tod@s: “mantén la justicia y haz lo que es correcto.”  ¿Qué realmente significa este mandamiento?  Distint@s teólog@s sugieren diferentes cosas.  Para algun@s tiene un significado de inclusión, para otr@s significa desafío y oposición ante un sistema que atenta a igualar la justicia con “esquemas o rituales teo-políticos,” y aún para otr@s significa igualdad para toda persona. 
¿Así que cómo debería responder la iglesia cuando quienes aparentan estar en contradicción con la ortodoxia tradicional, expresan el deseo de participar como miembros de la comunidad de la iglesia; cómo debe la iglesia responder cuando las creencias y doctrinas amenazan a nuevas personas?  ¿Y qué si las nuevas personas no adoptan prácticas y modos de comportamiento que la iglesia establece como necesarios para la inclusión? ¿Acaso no aparece en este pasaje una oportunidad para la inclusión de aquellas personas que no caben en el molde de la membresía? ¡Sí!  Se podría ir aún más lejos para reclamar que en este pasaje se encuentra la borradura y la desintegración del “molde” mismo. Este pasaje en Isaías señala varias nociones para ser consideradas por la iglesia.  La primera es que la casa de oración le pertence a Dios.  No es algo que le pertenece a la gente. Es un lugar establecido en la montaña santa de Dios. Es el lugar donde Dios llena de sí mismo a quien no puede dejar de ser quien es, como el eunuco que no puede dejar de serlo.  La segunda es que la iglesia, usando su propio canon como conección, debe recordar los mandamientos de Cristo en el evangelio.  Fue Cristo quien le recordó a sus seguidores de tradición judía que al amar a Dios sobre todas las cosas y su prójimo como sí mismo, están cumpliendo los mandamientos. Esto es un mandamiento doble. Primero,  la iglesia debe amar y dar la bienvenida a tod@s. Segundo, la gente queer* que ama a Dios y que ama a su prójimo ya han mantenido el pacto, por tanto tienen todo el derecho de tener un lugar en la casa de Dios.
Las iglesias deben ser retadas para abrir sus puertas de hospitalidad aún a quienes no estén segur@s dentro de sus doctrinas.  ¿Quién es el prójimo, quién es el/la enemgi@,  es importante distinguirlo?  Las iglesias deben reconocer que están llamadas a dar la bienvenida y a amar a toda persona que se acerca a sus puertas, ya sea que esté invidad@ o no. Las iglesias deben reconocer que están llamadas a amar y dar la bienvenida aún a quienes amenazan y retan las doctrinas que la iglesia sigue y ordena.  Si l@s cristian@s ven en Isaías al Príncipe de paz y al Padre eterno, también deben reconocer que Dios está atrayendo a sí mismo a quienes no están aún incluíd@s, l@s marginad@s de la iglesia.  La iglesia como casa de oración no le pertenece a la gente, sino  a Dios. Para aquell@s queer que desean y anhelan ser cristian@s, Dios le dará un monumento y nombre mejor que ser hijos e hijas. Dios traerá al foraster@ a ministrar en el altar. Dios hará saber que el/la queer siempre será queer y que el/la foraster@ siempre será foraster@.


* queer - La palabra queer tradicionalmente ha significado en inglés ([kʷɪɚ(ɹ)]) "extraño" o "poco usual," pero su utilización en referencia a la comunidad LGBT y los miembros que se percibe que pertenecen a ésta ha modificado la definición y aplicación originales. Su empleo se considera polémico y ha sufrido cambios sustanciales a lo largo del siglo XX, al reclamarlo algunosgayslesbianasbisexuales y transexuales como una forma de autoafirmación. El término aún se considera ofensivo o despectivo por parte de la comunidad, y para otros es un término que sirve para describir una orientación sexual y/o identidad de género o expresión de género que no se conforma con la sociedad heteronormativa.


- SOBRE EL AUTOR -
Jared Vázquez es estudiante de tercer año de la Maestría en Divinidad del Phillips Theological Seminary en Tulsa, Oklahoma.  A Jared le interesa la investigación de la encarnación, la identidad y la interseccionalidad y está planificando continuar estudios post graduados para hacer un Ph.D. en ética social, enfocando en la experiencia queer latina. Recientemente Jared fué invitado a ser parte del grupo de trabajo de entrenadores de A La Familia, una guía recurso desarrollada por latin@s en asociación con Unid@s, el Human Right Campain, y The National Gay and Lesbian Task Force, quienes pretenden promover conversaciones sobre religión y sexualidad en comunidades de fe latin@s. 


- Traducción al Español por Dámaris E. Ortega -

jueves, 29 de septiembre de 2011

A calzón quita’o… hablando de hispanidad y teología queer


Por J. Manny Santiago

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste hablar a un@ teológ@ latin@ acerca de teología queer hispana? Es probable que nunca. Dentro de nuestra comunidad – o debería decir, comunidades – latina que hace teología es muy improbable el que alguna persona se atreva a hacer teología desde la perspectiva de la latinidad queer.

Hay teólog@s latin@s que se han dado a la tarea de hablar acerca de la necesidad de hacer teología liberacionista teniendo a las comunidades elegebeté en mente. Así de repente, me acuerdo de Luis Rivera Pagán, Ada María Isasi Díaz y Miguel de la Torre. Sin embargo, muy pocas personas han hecho teología queer con una identidad específicamente queer. Algunos de los nombres que vienen a mi mente de personas que han hecho teología queer latina son Marcella Althaus Reid (argentina), James Nickoloff (peruano) y André S. Musskopf (brasileño). Althaus Reid, quien se identificó en vida como la creadora de la teología indecente, escribió en una ocasión: “El teólogo y la teóloga integral es uno o una que sale ‘del closet’ en su empeño por la honestidad y por ser parte de lo real […] así mismo, per/vierte el libreto socio/teológico normativo, revela lo obsceno y es capaz de ver […] fábulas de Dios y críticas de los sistemas políticos…”(Indecent Theology, 2000, pp. 199)

Para hacer teología queer, netamente latina/hispana, tenemos pues que “quitarnos los calzones” y hablar honestamente sobre nuestras experiencias de vida que nos hacen partícipes de las comunidades hispana, latina y elegebeté. Este es mi empeño en tratar de hacer teología desde mi realidad de puertorriqueño, cristiano, protestante, liberal, educado, mestizo, queer y quién sabe cuántas otras etiquetas que deba ponerme al momento de hablar de teología o de cualquier otro asunto.

Entiendo que como queer latinos y latinas debemos entrar en la conversación teológica re-clamando nuestras sexualidades y la forma en que estas son expresadas, y a la vez integrar las mismas a nuestra experiencia como comunidad oprimida por muchos. Es mi intención el comenzar a hacer esto con mi trabajo. Esto es lo que yo he llamado la inter(sex)ión entre lo que la gente en nuestras comunidades hispanas tratan como “lo sagrado” y aquello que se identifica como “lo profano”.

Como nos dice el teólogo peruano, radicado en los Estados Unidos, James Nickoloff: “Al cuestionar todas las identidades que parecen claras e inequívocas, los teóricos queer desafían las nociones de lo que es ‘norma’. Intentan establecer que mucho de lo que la sociedad y la cultura considera ‘normal’ viene a ser más la excepción que la regla” (Sexuality: A Queer Omission in US Latino Theology, 2003, 37). La teoría queer es entonces la forma de pensar por la cual las normas no sólo son rechazadas por no poder lidiar con la opresión, sino que también son resistidas al no ser capaces de eliminar las líneas de categorización que nos dividen.

Siendo que la teoría queer resiste no sólo las categorías sino también las etiquetas y las normas podemos pues hablar de un “Dios Queer”. En este sentido Marcella Althaus-Reid nos provee con la siguiente explicación: “El Dios Queer está presente en todo grupo o individuo que todavía se atreve a creer que Dios está completamente presente entre quienes padecen marginalización, a la vez que excede/va más allá de los estrechos confines de las ideologías políticas y sexuales” (From Feminist Theology to Indecent Theology, 2004, 176). Nuestra identidad queer no sólo surge de nuestra sexualidad y nuestras orientaciones sexuales, sino que se desprende de nuestro propio deseo de crear algo nuevo. Es este deseo de crear una sociedad en la cual cada ser humano es respetado comoimagen y semejanza de la Divinidad.

A menudo escuchamos en nuestras congregaciones la necesidad de separar lo “malo de este mundo” de lo “eterno de nuestras almas”. Esto es evidente en grupos neo-evangélicos, neo-carismáticos y pentecostales, los cuales incidentalmente son los grupos de mayor crecimiento entre las comunidades hispanas en los EUA y en nuestros países. Sin embargo, esta separación va en contra de las realidades de resistir las etiquetas que se nos han impuesto. Por esto, podemos entonces hablar de una inter(sex)ión entre una y otra, manteniendo nuestra espiritualidad mientras al mismo tiempo hacemos uso de nuestras sexualidades para hacer teología y acercarnos a la divinidad. El punto en el cual la sexualidad, la espiritualidad y la etnicidad se encuentran es para mí mucho más que una simple intersección. Este punto es uno importante en determinar quiénes somos como latinos/latinas e hispanos/hispanas queers y por lo tanto la sexualidad no debe ser dejada atrás.

Por lo tanto, una teología netamente queer latina tiene que dejar atrás la división entre lo “puro” y lo “impuro”. Debemos integrar todo el ser de la persona que adora y que busca incorporar su vida toda a la comunidad eclesiástica. Al hacerlo no sólo estamos abriendo las puertas que han estado cerradas por mucho tiempo, sino que estamos reconociendo que somos parte de la creación divina y de una fuerza creadora que quiere que nos sintamos completos y completas en nuestro propio ser.

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Esta es una adaptación del ensayo “Hacia una teología netamente ‘queer’ e hispana” publicado en Actas Del Primer Coloquio Nacional Del Otro La'o: Perspectivas Sobre Sexualidades Diversas, editado por Isabel Ríos Torres, Centro de Publicaciones Académicas UPR-RUM, enero 2008. 


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* J. Manny Santiago, MDiv, es nacido en Puerto Rico, Bautista Americano de cuarta generación.  Es escritor, pastor, profesor universitario, organizador comunitario, orador y teólogo. Actualmente el Rvdo. Santiago es pastor en la Iglesia Bautista Universitaria en Seattle, WA. Santiago es también conferencista a distancia del departamento de humanidades de la Universidad Interamericana en Ponce, Puerto Rico y trabaja a nivel nacional con la juventud de las Iglesias Bautistas Americanas.