sábado, 25 de febrero de 2012

Garbanzos guisados con arroz blanco

Yo tenía como diez años y era bastante "tikismiki" para comer. En otras palabras, yo no estaba muy abierta a probar nuevas cosas de comer. Recuerdo que estaba sentada frente a un plato de arroz con garbanzos guisados que mi mamá me había servido en el "counter" de la cocina. Allí, sentada en el "stool" sin intención alguna de comerme aquellos granos que no me gustaba mirar estaba yo, matando el tiempo con la esperanza de que me dijeran, "ok, si no quieres no comas," pero ¿que va? Yo no sé de dónde le salió a mi papá un comportamiento no muy típico de él, se sentó al lado mío, y con una correa en mano me dijo: "de aquí no te mueves hasta que no te comas todo ese plato de comida." Mientras tragaba me repetía una y otra vez en la mente, jamás comeré garbanzos otra vez. Claro que no los saborié, no tenía intención de hacerlo. Así que decidí con todas mis fuerzas nunca más digerir garbanzos. 

Pasaron muchos años y yo fui fiel a mi decisión o promesa de no comer garbanzos. Para mí eran el recordatorio de un gran trauma logrado por evitar un correazo. Pero un buen día, me encuentro comiendo hummus, saboreando esta cremita tan rica con pan pita, preguntando a quienes me acompañaban, ¿y qué es esto tan rico? ¿cómo se hace? Cuál mi sorpresa cuando me dijeron que eran garbanzos molidos. ¡O Dios mío, he roto una promesa! ¿Cómo es posible que me gusten estos granos causantes de un trauma en mi niñez? 

De ahí poco a poco fui procesando mi decisión idiota y sin razón, y revertí la desición de abrirme a comer garbanzos preparados en otras formas, incluyendo guisados. Cuántas veces en el comedor escolar yo perdía tiempo en escarbar el arroz guisados con garbanzos que hacían con tanta frecuencia. 

Todo este asunto de los garbanzos guisados con arroz blanco me han hecho pensar y meditar toda esta semana. Ayer mi amigo y compañero de ministerio el Rev. Capella-Pratts dijo en su página de facebook: "el Señor nos dio un mandamiento de amar a nuestros enemigos, pero muchas veces no estamos dispuest@s a amar a nuestr@s herman@s cristian@s con posturas teológicas diferentes." Cada día yo veo más y más gente cristiana haciendo como yo hacía con los garbanzos. Negando probar de la compasión y amor, creyendo que es más importante mantenerte en una postura de rechazo, condenación, juicio y señalamiento porque eso es "ser fiel a Dios" y estar en santidad. ¿Cuándo será el día en que veamos que ser fiel a Dios es hacer como hizo Jesús? ¿Acaso no podemos ver lo controversial y revolucionario del ministerio de Jesús? La gente a quien Él le hizo justicia, a quien sanó, a quien levantó y restauró fué a quienes nadie quería atender. 

¡Qué fácil es pastorear a quienes desde un púlpito le decimos cómo tienen que cambiar para ser parte de la comunidad de fe! ¡Qué cómodo y conveniente es cuando servimos en una comunidad de fe que se rige por un código de vestimenta, de actitud, de valores y de prácticas impuestas por una interpretación bíblica que busca con uniformidad establecer que eso es ¨agradar a Dios!" En esa práctica se anclan muchas personas cristianas para no comer garbanzos y no saben de lo que se están perdiendo. 

El mandamiento de amar a nuestros enemigos es uno difícil. Es fácil amar a quienes piensan como nosotr@s. Es fácil estar de acuerdo, amar y darle la bienvendida a quienes están dispuest@s a entrar en la uniformidad que interpretamos como vivir para Dios. La verdad es que esa interpretación viene acompañada de juicio, cuando no es nuestro lugar juzgar. 

En mi experiencia personal cuando pastoreaba en Puerto Rico, y seguía el código de hacer, vestir, y hablar como "lo hace una pastora" mucha gente expresaba su admiración y amor hacia mi como líder espiritual. Mientras no apoyara cosas controversiales todo estaba bien, yo era una buena cristiana y una buena pastora. Pero cuando entendí mi ministerio desde el márgen, desde donde están l@s oprimid@s y rechad@s por la iglesia y empecé a levantar mi voz para apoyar y afirmar a la creación diversa de Dios, ahí se le salió a mucha gente el prejuicio, el rechazo y la falta de amor hacia mi persona. 

Cuan triste y doloroso ha sido para mí en esta jornada perder a gente a quien yo amo. Gente que en un momento de mi vida estuvieron bien cerca de mi corazón, pero que sus prejuicios y rechazos hacia mis posturas de afirmación y ministerio pastoral para con la comunidad gay le han hecho borrarme de su lista de amistades tan facilmente como se borra a alguien de la cuenta de facebook. 

Aún así yo me reafirmo en que yo le soy fiel a Dios con mi postura de afirmar y requete afirmar que ser gay no es ni pecado ni una enfermedad. Que Dios ha hecho a gente heterosexual y gente homosexual. Que eso es parte de la diversidad de la creación de Dios y que nosotr@s como pueblo de Dios estamos llamad@a a amar, afirmar y ministrar a TODA la creación de Dios, sin pedirle que cambien aquello que no tienen que cambiar, que entren en una uniformidad de prácticas convensionales que no sirven ningún propósito. Que tod@s no tenemos creer ni vernos igual para amarnos, respetarnos y convivir en armonía y paz. 

Mientras yo siga recibiendo mensajes de gratitud de gente que ha recibido bendición con este blog, yo seguiré levantando la voz aunque a veces se sienta como que estoy gritando en el desierto y nadie me escucha. Aunque a veces en el camino me sienta sola. Aunque ya no conformo el esteriotipo esperado, yo soy fiel a quien me llamó y le soy fiel a mi llamado y vocación pastoral, le guste o no a mucha gente. 

¡A mí me gustan los garbanzos! Me gustan porque tomé la decisión de abrirme a gustar de ellos. Mi oración a Dios es que toda gente cristiana pueda abrirse a vivir lo que Dios pide de cada un@ de nosotr@s.
¡No!, oh pueblo. El SEñOR te ha dicho lo que es bueno, 
   y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión    y que camines humildemente con tu Dios. Miqueas 6:8 (NTV)
Hoy yo canto con convicción y paz en mi corazón el himno que aparece en muchos de nuestros himnarios cristianos:
De paz inundada mi senda ya esté O cúbrala un mar de aflicción, Mi suerte, cualquiera que sea, diré: "ESTOY BIEN, CON MI DIOS." 

6 comentarios:

  1. gracias por tu "culinaria" historia. Quienes pasamos dia a dia por ese camino tan duro deberiamos juntarnos a cenar "garbanzos"... para no olvidar, y tal vez deberiamos ponernos ese tatuaje... para que nos pregunten... para contarles.. para que se siente a comer "garbanzos" en nuestra mesa

    ResponderEliminar
  2. Esa sería una cena memorial. Yo llevo el tatuaje en mi antebrazo izquierdo como recordatorio de mi compromiso, como inspiración diaria. Ojalá veamos mucha gente comiendo "garbanzos." Gracias por leer el blog. Un abrazo, Dámaris

    ResponderEliminar
  3. Genial. Tu bellísima reflexión me recordaron las palabras de un crítico literario al que respeto: "Christianity, with its emphasis on the afterlife, has always had a tendency to derrogate earthly living as a kind of spectral vanity". Gracias por hacer la diferencia.
    Saludos cordiales de Cezanne,
    esposo de Coraly.

    ResponderEliminar
  4. Cezanne,
    gracias por la lectura y por tus palabras de afirmación.
    ¡Un abrazo para tí y Coraly!

    ResponderEliminar